La belleza de Limbo

por Fernando el 17/07/2013

Limbo

Desde el primer día que vi Limbo de refilón, tuve unas ganas inmensas de poder probarlo. Hace tiempo que dejé de ser un jugador activo de consolas u ordenador. Es el iPhone y, muy de vez en cuando, el iPad, donde uso videojuegos. Hace pocas semanas se anunció la disponibilidad de este título para iOS, así que no dude en hacerme con el.

El juego es una maravilla. Técnicamente intachable y, artísticamente, una preciosidad. El toque en blanco y negro genera una atmósfera indescriptible y sobrecogedora. A mi, que me gusta de una manera especial la fotografía, me da la sensación de estar dentro de una instantánea cuando detengo al personaje y admiro la pantalla.

Tiene una jugabilidad que me ha traido recuerdos de clásicos de los noventa. En particular, de Another World y de las videoaventuras clásicas llenas de puzzles de palancas, plesores y saltos precisos. En cualquier caso, Limbo no llega, en ningún momento, a ser imposible de superar. Algo que se agradece especialmente, dado el poco tiempo del que disponemos muchos de nosotros.

Es un trabajo realmente bien hecho. Profesional. Con mimo en los detalles grandes y pequeños. Con una duración contenida. Con una historia que dice mucho sin decir nada; no hay texto ni contexto que te prepare, más allá del mundo increíble por donde se mueve el protagonista. Empiezas a jugar de inmediato. Sin protocolos o explicaciones.

Por tanto, la belleza de Limbo lo es todo. Todo está artísticamente planteado, definido, resuelto e implementado. Todo es, por tanto, bello en su conjunto; es bello su aspecto visual, pero también la jugabilidad o la dificultad y la progresión en la aventura. La belleza de Limbo lo impregna todo.

Y esta belleza genera una experiencia dificil de olvidar, algo que sólo lo consiguen aquellas piezas de software únicas; las que se quedan en tu memoria para siempre.

Escribe un comentario: