Somos como programamos

por Fernando el 23/07/2013

Soy un fiel defensor del código limpio. Como desarrolladores, como programadores, somos como programamos. Y más allá de los conocimientos especializados, se halla el esfuerzo que dedicamos a realizar nuestro trabajo de la forma más limpia posible.

Programar no es una actividad sencilla. La programación de cualquier proyecto supone una iteración intelectual continua sobre el trabajo que vamos haciendo. Para avanzar en la creación de código nuevo, hay que reestructurar, apuntalar e, incluso, eliminar el código más antiguo. Y esta actividad requiere leer y releer todo aquello que vamos escribiendo. Una y otra vez hasta pulirlo. Hasta estar satisfechos en relación a cómo lo estamos haciendo.

En mi experiencia, más allá de todos los conocimientos y técnicas que vamos aprendiendo, hay un poso de sentido común y responsabilidad, que dicta, honestamente, cómo estamos realizando nuestro trabajo. No me refiero a aplicar técnicas de complejidad elevada, sino a fijarnos en aspectos tan elementales como la nomenclatura usada, el código duplicado, la longitud de las funciones y métodos, el estar dispuestos a mejorar algo que vemos mal en el código, aunque no sea nuestro, en la complejidad en el flujo de uso de un sistema construido o, simplemente, en la organización del proyecto.

Si no ponemos voluntad y esfuerzo en aplicar bien estas normas elementales ¿cómo esperamos poder ser capaces de controlar técnicas avanzadas?

El esforzarnos por aplicar correctamente principios básicos de código limpio, está al alcance de todo desarrollador. Sin embargo, cualquiera que haya trabajado durante más de 3 o 5 años en el sector, conoce que esto no es así. Todos hemos generado, en muchas ocasiones, código complejo y ofuscado. Código que nos avergüenza con el paso del tiempo. Código que se deja para mejorar en otra ocasión. Ocasión que, en la gran mayoría de los casos, no suele llegar nunca. El problema, en este punto, no es generar ese mal código. El problema es generar mal código por pereza. Por no querer hacer las cosas imprimiendo el esfuerzo que las profesionaliza. Es fácil achacar los motivos de esta situación, tan recurrente, a la presión en los tiempos de entrega o a los requisitos cambiantes de un proyecto. O al cliente que nos vuelve loco. Sin embargo, haciendo un examen de conciencia, y siendo honestos, la culpa, en la mayoría de las ocasiones, parte de nosotros mismos.

Nosotros, como profesionales, debemos de garantizar que el software que construimos lo está correctamente. Tanto por dentro, como por fuera. Ha de funcionar según los requerimientos establecidos. Ha de funcionar sin errores. Y ha de haberse construido de una manera profesional en relación al código.

No debemos quedarnos solo con el “lo importante es que funcione”. No debemos de echar balones fuera. En la inmensa mayoría de las ocasiones, nosotros, como desarrolladores, somos los últimos responsables. Porque somos nosotros los que, en unas ocasiones, planificamos con el cliente los tiempos y, en otras, discutimos con nuestro responsable sobre la validez planning. Sobre riesgos. Sobre viabilidad. Sin miedo. Siendo honestos. Buscando la profesionalidad en aquello que hacemos.

De nuevo, somos como programamos. Estar dispuesto a esforzarse en hacer código limpio, es estar dispuesto a querer ser un mejor profesional.

      Bibliografía:

 

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