Una semana con el nuevo Zelda y la Switch

por Fernando el 26/03/2017

Ya ha pasado una semana de estar probando el nuevo Zelda y la Switch. La sensación general que tengo es muy buena aunque el comienzo me dejó un tanto indiferente y con cierto sabor de arrepentimiento por la compra. Pero no por la Switch sino por el Zelda Breath of the Wild. Me explico.

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La primera vez que comencé a jugar al Zelda la sensación general que tuve fue un tanto… fría. Sin emociones. El juego no me atrapó de la forma que yo esperaba. Tampoco las mecánicas que iban apareciendo. No era nada nuevo bajo el sol. Supongo que buena parte de la culpa han sido las notas tan tremendas que ha ido recibiendo el juego que hace que exijas que todo sea espectacular desde el minuto primero.

A medida que he ido jugándolo, sin embargo, la sensación ha cambiado a mejor y a pasos agigantados. A cada nueva sesión el juego me gustaba más y en este momento puedo decir que el nuevo Zelda Breath of the Wild es un juegazo en mayúsculas y que estoy disfrutándolo. ¿Es un juego perfecto? Pues no pero ¿existen juegos perfectos? ¿Es un juego sobresaliente? Sí.

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Estamos ante un juego de exploración. De salirte del camino principal una y otra vez movido por la curiosidad. De pasar por lugares que sabes que, posiblemente, no vas a volver a visitar. Es una sensación difícil de explicar. En el pasado otros juegos han recreado universos realmente increíbles. El primero en disfrutar a lo grande que me viene a la memoria es el Ultima VII: The Black Gate y su segunda parte, Serpent Isle. Dos juegos increíbles donde el jugador se perdía, literalmente, visitando todo un mundo con su ciclo de día y de noche, personajes que hacían sus rutinas diarias, calabozos plagados de monstruos y tesoros, … en definitiva un mundo que nos dejó a todos con la boca abierta a principios de los 90. Sin embargo Zelda Breath of the Wild lleva el concepto de mundo abierto, exploración y libertad de una forma diferente a cómo la habíamos percibido en otros juegos del género.

Lo mejor de todo esto son las conversaciones que se pueden generar entre un grupo de amigos que están jugándolo. Incluso si alguno de ellos acaba de comenzar a hacerlo. Es muy difícil que todos hayan experimentado el mismo “guión” o se hayan encontrado con las mismas situaciones aunque estén en el mismo punto de progreso de la aventura. Y es ahí es donde está la grandeza de este juego, creo yo, en que es capaz de volver a hacerte olvidar que conoces el truco de magia.

No voy a entrar en más detalles. Hay cosas que no me gustan tanto en relación a las mecánicas propuestas (armas que se rompen, forma en la que te recuperas de salud, etc) sin embargo creo que son pequeños detalles cuando comprendes de qué va el juego. Es, eso sí, lamentable encontrarte de nuevo con un juego físico de precio elevado sin un triste manual de usuario o un mapa o algo que contribuya a enriquecer la experiencia. Una pena.

En definitiva, Zelda Breath of the Wild es una maravilla que va de menos a más. A mi me está gustando muchísimo y me está sirviendo para hacer las paces, en cierta manera, con los videojuegos.

Y sobre la Switch pues estoy encantado. Es la consola que estaba buscando el otro año: algo portable y que me permitiera disfrutar de grandes juegos (dando por hecho que vendrán después de este Zelda). Intenté encontrar ese concepto en la 3DS y aunque la consola me gusta y el otro año jugué bastantes semanas volví a perder interés. Casi adquiero la Vita pero su nulo apoyo por parte de Sony hizo que lo reconsidera tanto que al final perdí de nuevo el interés. Lo único que le puedo criticar en este momento a la Switch es la duración de la batería que se me antoja escasa aún jugando en modo avión.

Personalmente no paro de pensar en la posibilidad de que si el modelo propuesto por Switch tiene éxito Microsoft y Sony lancen modelos de similares características: consolas portables potentes. La Switch compite ahora con mas posibilidades con otras formas de ocio digital como teléfonos móviles o tabletas. No cuesta nada encender la consola y jugar en el sofá o llevártela en un viaje. De hecho he jugado muchísimo más tiempo de forma portable al Zelda que en el televisor de mi casa y la experiencia ha sido estupenda. Creo que estamos ante el futuro de lo que deberían de ser las consolas si éstas quieren encontrar su hueco ante tanta oferta de ocio digital y no digital. Es una evolución.

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Así pues, vuelvo a reencontrarme con los videojuegos gracias a la Switch y al Zelda o al Zelda y a la Switch. Ya nunca será como antes porque son muchos años jugándolos y cada vez es más difícil sentir esa magia (que sí siento, por otro lado, con ciertos juegos de mesa, cartas y miniaturas) pero de verdad que con este nuevo Zelda hay muchos momentos en los que vuelvo a ser un niño jugando a un videojuego.

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